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ディアバウンドラゴン☆

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心変わり?

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¿Hikari? ¿desde cuando yo digo eso? A lo mucho me refería a Ryou como “yadonushi”.

Jum… ni yo estoy tan obsesionado con ese susodicho “Reino de las Sombras” ¿qué acaso no saben que esa es una forma muy sutil de decir que los maté? pero claaro, no pueden estar por ahí diciéndole eso a los niños que juegan Duelo de Monstruos, porque sería demasiado traumático para sus mentecitas~

¿Y desde cuándo el kaichou es tan irreflexivo para negarse tanto a la realidad? Es un genio en toda la extensión de la palabra, aunque no me guste reconocerlo. Su juicio no sería tan obtuso como para negarse a nuevos conocimientos e ideas.

Y ni hablar de Omote Yuugi…

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Ahora recuerdo por qué siempre he tenido problemas para relacionarme.

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21 Solacer -【Delusions】

Tan frío y aún así tan agradable sensación es la de la brisa fresca con olor a sal, en medio de esa profunda oscuridad que marca la incertidumbre entre los cielos y las aguas. Aspiro el enervante aroma de ese escenario, de esa inmensidad, dejándome llenar por completo de una calma inusitada, volviéndome uno con la noche. Las olas vienen y van arrastrando la arena entre mis pies con esa sensación de cosquillas tan particular y al apuntar la mirada hacia el horizonte, me doy cuenta de que el amanecer se aproxima. 

La verdad es que ni siquiera pude encarar a Ludwig, aún teniendo todos los hechos presentes tan irrefutables, pero no tenía ya ninguna importancia. No deseaba saber nada más de él ni de los remanentes de mi vida a su lado. Siendo yo quien era, realmente cometía un error gravísimo permaneciendo a su lado, obligándome a vivir una vida común, ignorando la malicia en mi interior. 

Es verdad que yo estaba torcido. 

• • • • • • • • • • • • • • • • • • • •


—¿Por qué me trajiste a la playa?

Mientras más permanecía junto a este hombre, menos lo comprendía. No hablaba mucho, pero no era por ello aburrido y sólo acentuaba su aura de misterio.

—¿No te gusta?
—No me disgusta —mi vista se mantuvo fija en el amanecer haciendo jirones de colores pastel en ese vasto cielo sobre el mar. Estaba frío pero no era intenso como para volverse desagradable, y la sensación de la arena bajo mis pies descalzos me hacían reafirmar mi nueva libertad— pero eso no responde mi pregunta.

—Es mejor que estemos lejos, por ahora.

Me echó una mirada breve pero severa, como recriminándome dejarme llevar por mis impulsos al pensar en asesinar a Ludwig. Pese a ello me pareció que Koji estaba bastante consciente de lo que yo era capaz, pero no por eso mostraba la menor pizca de miedo o precaución para con mi persona.

Distraer mis pensamientos destrozados; sí… eso era lo que necesitaba. Aunque tenía muchas preguntas que ansiaban respuesta —como desde cuándo este hombre me conocía o por qué aseguraba amarme— debía dejar de darle vueltas a esos momentos dolorosos.

No acababa de creer toda esa basura del doppelkern, ¿pero qué más podía hacer si ya nada parecía tener sentido?

En esos instantes le dije a Koji que me esperara y él asintió sin chistar. Supe que me miraba cuando me adentré a las aguas del mar porque sentía su mirada fuerte sobre mí, lo cual ya lejos de molestarme, me llenaba de una sensación agradable; me sentía tomado en cuenta, a diferencia de… No, ya era suficiente de hacer esas comparaciones; si iba a olvidarme de mi pasado, tenía que empezar desechando esas estúpidas comparaciones nostálgicas.

Llamé a Koji en una voz suave que de algún modo logró escuchar; seguía detrás de mí con ese gesto impasible, cuando comenzó a acercarse ante la mención de su nombre, extendiéndome los brazos. Me acerqué a él en una reacción que se sintió sumamente normal, dejándome refugiar en ese abrazo cálido.

“Aún así no significa nada”, fue lo que quise decirle pero guardé silencio, desde el camino de la playa hasta el cuarto de la suite que Koji había pagado anticipadamente, donde finalmente estuvimos a solas, lejos de cualquier mirada furtiva, aunque yo sabía que estar en una habitación, sólo con este hombre podría ser peligroso y no estaba dispuesto a bajar la guardia.

—No vas a lograr nada —le reproché mientras permanecía cerca de la puerta, viéndole con frialdad, más repuesto de lo sucedido. Di algunos pasos para sentarme en la pequeña sala de la suite, con un toque arrogante, casi burlón en mi lenguaje corporal— ¿Crees que porque me mostraste todo esto y me sacaste de ahí, correré a tus brazos para consolarme?

Esperaba una reacción de molestia o al menos una palabra, pero no obtuve nada de eso; en cambio lo vi acostarse en la cama con un gesto inexplicablemente feliz, casi como un niño y tal acción capturó por completo mi atención.

—Actúas como si nunca hubieras estado en un hotel —le dije ciertamente contagiado por sus ánimos. Él me miró con una sonrisa invitándome a recostarme a su lado así que acepté al darme cuenta de que no tenía por qué sentirme amenazado por él— Y dime… —no giré la cabeza para verlo, sino que mantuve la mirada en el techo bellamente adornado al estilo barroco —¿a quién tuviste que matar para pagar algo así?

—A mis hermanos —respondió con tanta seriedad que por unos segundos en verdad le creí pero su risa posterior lo delató— en realidad soy cantante.

—¿Cantante? —volteé a ver su rostro con escrutinio, tratando de recordar si había visto su rostro en alguna parte, pero en realidad nunca había sido asiduo a la música, así que de cualquier modo no habría podido ubicarlo— si eres cantante, canta algo para mí.

Realmente no me esperaba que mi petición fuera escuchada, siendo tomado por sorpresa en el momento que Koji me abrazó contra su cuerpo y comenzó a cantar suavemente a mi oído lo que sonaba a una canción romántica, que en realidad no tenía nada de “lindo”

Ningyou no you ni atsukatteageru. Ne wo dojite. 
Kodomotachi wa eien wo shinjiterukedo, 
Genjitsu wa ikarechimatta yoru ni karera wo kuruwaseru. 
Shitteruyo. motometeita mono subete wa kyokou.

Mis ojos se abrieron de par en par, ya que yo entendía a la perfección esas palabras en japonés. Un intenso escalofrío me recorrió toda la espalda y entre aquella posición sólo pude alcanzar a ver la sonrisa de Koji mostrando un par de colmillos.

Sólo había sido… ¿atrapado nuevamente?

Trataré contigo justo como una muñeca. Sólo cierra tus ojos.
Los niños creen en la eternidad, pero
En la situación actual, la locura de la noche los vuelve locos.
Lo sé de antemano. Las cosas que deseas. Es solo tu imaginación.
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20 Betrayer -【Delusions】
Deseé tanto nunca haberte encontrado en ese puente peatonal, que sólo se me dejara morir aquella madrugada como el infeliz que era. 
Tú tienes la culpa de que deseara tanto matarte con la misma arma que guardabas como un obsequio de tu padre.
Cae lentamente en un brillante tono rojizo que pareciera teñir mis ojos con el mismo color, mirando al vacío mientras trato de comprender qué sucede conmigo. Estaba llorando pero sin emitir ningún sollozo, con lágrimas corriendo descontroladas, con el sabor de la sangre entre mis dientes, reprimiendo un grito de dolor.
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
—¿Te dejarías de tanto misterio?, ya dimos como tres vueltas a la misma cuadra.
Cruzado de brazos le miraba con fija desconfianza pensando que sólo estaba mofándose de mí, pero él se le veía muy paciente, al menos por el momento.
—Sólo hago tiempo.
—¿Tiempo para qué?
Él sólo se sonrió dirigiendo la vista al estéreo para encenderlo, dejando que sonara una rítmica y deleitante melodía de jazz, como si buscara distraerme.
—¿Te gusta el jazz? —me preguntó viéndome de reojo, sin dejar de poner atención al camino.
—Dímelo tú —respondí con una mirada afilada— pensé que sabías todo de mí.
Me sentía algo pequeño junto a él más no por la diferencia de estaturas. Koji se veía más o menos de mi edad física, pero había algo que me hacía parecer como un niño malcriado a su lado.
—Lo sé todo —dijo con completa seguridad— pero aun así quiero más de ti.
Su mirada empezaba a incomodarme por lo invasiva que era y no podía siquiera mirarlo a la cara, eso me molestaba sobremanera siendo ridículo sentirme intimidado por un simple hombre, a pesar de que había demostrado tener extrañas habilidades sobrenaturales.
Metí la mano en el bolsillo del pantalón sintiendo el frío del arma que todavía cargaba conmigo, creyendo fácil dispararle desde la posición en la que estábamos, pero eso significaba perderme de la valiosa información que él estaba dispuesto a revelarme. Curiosamente él pareció leer mis pensamientos porque me miró un instante con unos ojos tan gélidos que me helaron la sangre.
—No te impacientes. Te dije que sólo hacía tiempo.
¿Tiempo?, ¿tiempo para qué? Por suerte esa pregunta fue duda fue rápidamente esclarecida cuando pasamos un semáforo y llegamos frente a un departamento muy cercano a un instituto.
Lo miré con la clara interrogante en mis ojos, bajando del auto al mismo tiempo que Koji, el cual mostraba una inesperada ansiedad entremezclada de emoción.
—No vayas a hacer ruido —advirtió con una sonrisa engañosa mientras subíamos por el ascensor hasta alcanzar el tercer piso, donde recorrimos un largo pasillo lleno de puertas, hasta parar en la que tenía la placa grabada con el número 404.
Vi que abría la puerta lentamente, como ante el temor de ser descubierto, lo cual me pareció extraño porque tenía las llaves del lugar. Un mal presentimiento se hizo presente, pero no impidió que entrara justo al departamento que permaneció a oscuras incluso cuando él se fue a sentar en el sillón más extenso de la sala, como perfecto dueño de la casa.
—Tu respuesta está en la puerta al fondo del pasillo —me indicó la sonrisa que ya reconocía como característica en él— Tú decides si quieres ir y abrirla o volver a tu casa. Estaré esperándote justo aquí.
Desvié la mirada hacia el pasillo indicado, como sabiendo de antemano lo que iba a encontrar; un presentimiento que fue confirmado por las voces que se oían desde el interior de la recámara.
—…Aún no empezaron… Te veo impaciente…
—¿Impaciente?… ¿por qué debería estarlo?
—Hm… No lo sé.
Miré a Koji nuevamente, sabiendo que él también estaba escuchando pero permanecía impasible, con una mirada serena sobre mí. Odié ese gesto en sus ojos y como si lo estuviera desafiando de alguna forma, me dirigí al pasillo con pasos sigilosos y me paré justo enfrente de la puerta sin atreverme a abrir todavía.
—Ni viniste a mi casa. Qué decepción…
—Dijiste que vendrías aquí… yo estaba esperándote.
Una pausa en la que me di la libertad de apoyarme contra la pared, cerrando los ojos. Todo estaba bastante claro y me dolía más de lo que podría imaginar. 
No quise oír más… No, no oí más y me ensimismé retrocediendo unos pasos mientras dentro de mí comenzaba a oír una especie de susurro deleitándose con el temblor de mis extremidades.
”La persona que te juró amor eterno se regocija en brazos de otro como si fuera lo más natural del mundo. No queda nada más qué hacer. Ahí la tienes; tu respuesta es que les vueles la cabeza a ambos y todo se  habrá terminado. Ya no tendrás que preocuparte nunca más”
Escuché toda esa perorata maldita, como si mi “yo” del pasado estuviera hablándome al oído, persuadiéndome con sus palabras certeras. A tientas busqué el arma en mi bolsillo dejando que mis impulsos fluyeran libremente pero cuando estuve a punto de tomar la perilla de la puerta, con la pistola lista para disparar, los brazos fuertes de Koji me jalaron lejos del pasillo tan rápidamente de vuelta al automóvil, que pareció como si nunca hubiéramos pisado el departamento.
—¡¿Qué haces?!, —le grité con los ojos casi desorbitados por la rabia— ¡déjame ir! ¡Voy a volver y a matarlos a los dos! ¡Son unos malditos! ¡Voy a matarlos, voy a matarlos!
Así repetí un par de veces más peleando por volver a tener el control de la pistola, completamente fuera de mis cabales hasta que las palabras de Koji mientras aprisionaba con fuerza contra el asiento reclinable del auto, me sacaron del frenesí.
—Mi búsqueda ha terminado. 
Kurai… Te he encontrado.
Redimiré tu dolor, sanaré tus penas y te llenaré de amor.  
No llores…
Yo… de verdad estaba llorando. No me había dado cuenta de eso; estaba llorando en silencio, con lágrimas corriendo descontroladas, mezclándose con la sangre que se delineaba entre mis labios por la mordida salvaje que le había dado a Koji justo en el hombro, en la apremiante necesidad de acallar mis gritos de dolor.
—No me… sueltes… —gemí implorante aferrándome a él con el terror de asfixiarme en ese tormento. Sus brazos y su piel estaban fríos pero yo sentía a Koji sumamente cálido. Ni cuando encendió el auto y empezó a conducir por la autopista me soltó de su abrazo, detalle que agradecí infinitamente aunque no le dije nada.
Quién sabe adónde tenía pensado llevarme pero yo tenía por seguro que no quería volver a la casa de Ludwig; ni siquiera a mi casa. Quería irme a ninguna parte y perderme por siempre en la “muerte reversible”, al menos hasta que las voces dejaran de sonar en mi cabeza.
Creo que terminé por quedarme dormido, porque cuando desperté nos encontrábamos muy lejos de la ciudad, con un aire oliendo a sal y un sol dando sus primeros pasos hacia el amanecer.
Voy a desplegar mis alas negras y volar 
Más allá de lo que nadie pueda imaginar 
La jaula ha sido abierta hoy 
Fiel a lo que creo aquí voy
La travesía comienza 
He renacido y con mi sonrisa esperando lo que me depare aquí voy.
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19 Divider - 【Delusions】
Mis pensamientos eran una maraña. No podía articular palabra alguna pero sabía muy bien que estaba recostado en una cama. Mis ojos se sentían demasiado pesados como para abrirlos de una vez y me he de limitar a oír las voces que hay fuera de la habitación. Una de ellas pertenece a Ludwig… y la otra…
—Yo me voy.
—No, ¡ahora te quedas!
—No tengo por qué obedecerte.
—Es tu culpa que esté así.
—No… es tu culpa por no cuidarlo de mí.
Hago un esfuerzo para abrir los ojos notando la oscuridad del cuarto. Probablemente aún era de noche pero las gruesas cortinas me dificultan saberlo.
—Qué mierda —mascullé sintiendo como si me hubieran dado una buena sarta de golpes por todo el cuerpo. Mi voz es lo suficientemente audible para que las dos personas fuera del cuarto se percaten de que había despertado. Primero entró Ludwig, quien inesperadamente se acercó a darme una bofetada.
—¡No vuelvas a salirte así a la calle, imbécil!
El golpe me hizo enfadar y le grité un par de insultos, antes de mi réplica.
—¡Carajo!, ¿qué no puedes ser como la gente normal y darme un abrazo después del susto que te di?
—¡¿De qué hablas?!, ¡no voy a felicitarte después de lo que hiciste!
Hice una mueca de descontento guardando silencio al ser captada mi atención por una suave y breve risa perteneciente al hombre parado junto a la puerta, cuya silueta era bellamente atenuada por la luz del pasillo.
—Eres tú —murmuré, él sólo me vio con unos ojos llenos de melancolía mas con una sutil sonrisa. Su permanencia fue esporádica desgraciadamente pues con tan sólo era mirada se dio la vuelta para marcharse. Lo llamé en un grito impropio pero Ludwig me contuvo antes de que intentara levantarme.
—Déjalo.
No estaba entendiendo nada además de que Ludwig tampoco ayudaba mucho y parecía más interesado en revisar mi cuerpo, como buscando alguna marca o herida. Después de ese extraño comportamiento invasivo, suspiró de alivio.
—Menos mal.
—Ludwig, ¿qué pasó?
Me miró como sopesando las palabras sin decir nada en concreto, concluyendo con una tajante. Lo que sea que sucedió la noche anterior yo ya lo había olvidado y parecía que Ludwig tampoco quería ayudarme a recordarlo, como si esto fuese de lo más conveniente para su persona. Mi insistencia se convirtió en un intento vano de acercarme a la verdad, sabiendo de antemano que cuando Ludwig decía “no”, era definitivo.
Las tres… las cinco de la mañana. 
No volví a dormir el resto de la mañana pese a estar todas esas horas en la cama, con una mente demasiado despierta unida a un cuerpo que se negaba a reaccionar a su máxima capacidad.
—Tengo que salir —Ludwig apareció en la habitación cuando despuntó el alba. Ni siquiera había dormido conmigo— Si tienes hambre, dejé algo preparado en la cocina, sólo caliéntalo.
—Ja —le miré con un gesto incrédulo— ¿Tú cocinando?, ¿desde cuándo?
—Yo soy un excelente cocinero —respondió con la vanidad que lo caracterizaba.
—Sí, como n—…
No había bien acabado la frase cuando Ludwig me tomó del rostro con ambas manos y me besó de una forma sumamente delicada, impropia de su carácter fiero y apasionado.
—Volveré en la noche. No vayas a darme otro susto.
Más tarde cuando la casa estuvo completamente vacía me percaté de que había cerrado todas las posibles salidas para asegurar mi permanencia. Consideré esto como una pérdida de energía porque con lo extenuado que estaba no habría podido ir muy lejos. Entonces me llegó a la cabeza la diminuta posibilidad de que quizás Ludwig no buscaba mantenerme dentro de la casa, sino evitar que alguien más entrara.
Recordé a aquel hombre, soltando una risa que rompió el silencio de la habitación, al notarme demasiado paranoico con aquellas suposiciones tan inverosímiles que no iban a llevarme a ningún lado. Aprovechando que mi cuerpo comenzaba a sentir las ansias del apetito me levanté para ir a la cocina, encontrando ahí cómo con un cuidado inusitado Ludwig me había dejado preparado un guisado propio de su país.
Di un suspiro reconociendo que Ludwig no solía ser tan detallista y esos pequeños cuidados eran algo para lo cual no estaba preparado. De repente cuando estaba degustando el Kasseler con puré de papa y guarnición, me invadió una punzada en el estómago —aunque no precisamente porque la comida estuviera mala— imaginando la posibilidad de que su atención se debiera, no al miedo provocado por el hombre de cabellos claros, sino a la culpa.
—Si estás engañándome, al menos no me des esperanzas —dije al aire con desaliento.
¿Cómo podría estar tan convencido?, realmente no lo estaba. Lo que me orillaba a pensar así era el acostumbrado sentimiento pesimista del que todos somos víctimas alguna vez en la vida, y ahí estaba yo, convertido en una sombra de mí mismo, sin atreverme a encarar el hecho de que tenía miedo de perderlo. 
No, no sólo era eso. Por más que sintiera mucho por Ludwig, por más que lo atrapara, que lo encerrara, nunca me pertenecería porque Ludwig no era una cosa… era un ser humano con sentimientos, ambiciones, ideales muy aparte de los míos y eso dolía. Dolía pensar que yo podría no ser parte de esos anhelos.
—Maldición —dije llevándome la mano a la frente conjuntando una risa— estoy pensando como una ama de casa desesperada.
Me volví de regreso a la habitación deseando dormir el resto de la tarde. Pero nada más cruzar el umbral de la puerta, las luces se apagaron y la puerta se cerró con un golpe seco.
—¡¿Quién está ahí?! —me di la vuelta buscando a tientas el interruptor de la luz. No podía tratarse de Ludwig; era todavía muy temprano.
La respuesta a mi pregunta llegó pronto en forma de unos brazos estrechándome fuertemente desde atrás y la voz suave que ya conocía de antemano.
—No te asustes.
—¿Quién está asustado? —repliqué tratando de zafarme pero ese bastardo me sujetaba con demasiada fuerza.
—He venido por ti. Te llevaré conmigo y no volverás a sentirte solo.
Me quedé helado porque con las pocas palabras había dado justo en el blanco.
—Ludwig no te ha atendido bien, pero no te preocupes porque yo te daré todo lo que necesites.
—Oye… no me digas que eres un maldito stalker.
Se rió, muy suave sin abrir la boca mientras me obligaba a voltearme para que quedáramos de frente, mientras me soltaba despacio.
—Ludwig no te dijo nada, ¿verdad?
Las luces se encendieron pero él ya no estaba frente a mí y temí por un segundo que fuera todo producto de mis alucinaciones.
“Doppelkern”, se escuchó en el aire mientras yo buscaba con la mirada de dónde venía su voz.
—¿Qué es eso? —pregunté con hartazgo de sus jugueteos— ¡Deja de esconderte, ya sé que eres tú!
Finalmente él se dejó ver frente a mí, pareciendo casi como si se materializara sentado sobre la cama, con esa hermosa sonrisa, esos ojos hechizantes y una camisa azul que contrastaba con el color escarlata de sus orbes.
—Te explicaré pero deja de verme como si fuera a matarte.
¿Qué más podía hacer?, estaba metido en la boca del lobo y negociar no era una opción. Cerré los ojos un segundo dando un marcado resoplido y me fui a sentar en el piso con las piernas cruzadas.
—Empieza a habar pero si no me convence tu historia, te mataré aquí mismo.
Doppelkern es cuando uno o más cuerpos comparten la misma alma. Es un hecho casi extraordinario pero sucede, como si las dos personas fueran gemelos sin serlo, compartiendo un lazo más profundo que la sangre. Un mismo destino, un corazón partido en dos. Seguramente lo entiendes porque también tienes un doppelkern.
Aunque sinceramente el término era nuevo para mí, la sugerencia de esa posibilidad me remontó al recuerdo de aquel muchacho taciturno con el cual solía vivir y de quien me había encargado durante muchos años tras haber asesinado a su “Maestra.
—Mi doppelkern es Ludwig —agregó con cierto recelo, como si el mencionarlo lo pusiera en mala forma— Por eso es natural que sepa tanto de ti, Kurai.
—No me gusta que cualquiera use mi nombre real —espeté mirándolo con rabia contenida; ni siquiera Ludwig me llamaba así— Por mucho que digas que tienes que ver con él, no puedo creerte.
Me levanté del suelo y con toda la calma del mundo fui a tomar el arma que Ludwig escondía en un compartimento secreto del clóset. Luego le apunté a la distancia con la pistola cargada.
—Era en serio lo que te dije —murmuré con una sonrisa sádica de lado a lado— No me convenció tu historia así que te mataré. Ya después veré cómo deshacerme de tu cuerpo.
Muy lejos de toda posible predicción, ese hombre se levantó y se puso directamente contra el cañón de la pistola, sin ningún asomo de preocupación.
—¿Te gustaría saber dónde está Ludwig?
A veces hay decisiones en nuestra vida que sólo son el comienzo de toda una serie de acontecimientos en cadena que pudieron haberse evitado con sólo decir “no” o con reprimir una acción o comentario. Pero de haber dicho “no”, ¿eso realmente evitaría lo que estaba a punto de hacer? Probablemente con el tiempo lo habría descubierto por mi cuenta y todo desembocaría en el mismo desenlace.
Terminé asistiendo mientras me guardaba el arma en el pantalón, admirado por su temple y habilidad de negociación. Era como si conociera mis debilidades a la perfección y se aprovechara de estas para manejarme.
—Al menos dime cómo te llamas.
Minutos después, cuando me encontraba en el asiento del copiloto, mirando las luces de la calle encenderse una por una dando paso al anochecer, sus palabras aún resonaban en mi cabeza, en el silencio sólo acortado por el suave motor de su Lamborghini.
“Nanjo Koji”, un nombre que repetiría en susurros de ahora en adelante.
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18 Meddler - 【Delusions】
Son las siete y media de la noche y Ludwig no ha vuelto. Recibí su llamada minutos antes excusándose de que llegaría tarde a causa del trabajo, pero se escuchaba ansioso, como si algo o alguien lo estuviese apresurando a colgar.
¿Es tu amante quien te apremia a regresar?
Escuché una voz femenina en ese momento. Ahora que lo pienso, ¿por qué se decidió a juntarse conmigo?

Tomo una chamarra y salgo en dirección a la estación sin siquiera cuestionarme ya los motivos de esa persona. Su voz aún retumba en mis oídos y esa risa tan seductora… ¿acaso me sentía tentado?
No, qué estupidez. Sólo iba a buscar lo que me pertenecía y si ese tipo planeaba algo truculento, me encargaría enseguida de ponerle un alto.
Cierro los ojos mientras voy de camino, dentro del vagón y dormito unos cuantos minutos, escuchando las suaves conversaciones ajenas más por afán de entretener mi mente que cualquier otra cosa. Es inevitable percatarse del regaño de un chico por parte de su padre pero finalmente, pese a los gritos e insultos tal hecho no era asunto de nadie más que de los involucrados. Abro un ojo espiando un rato dicha conversación a sabiendas de que podrían darse cuenta, pero parece que ambos están muy ensimismados, sobretodo el muchacho que mantiene una mirada perdida clavada en el piso, mientras que el hombre continúa con su serie de argumentos exagerados.
Me sorprende que el chico no diga nada en su defensa; cualquiera no lo pensaría dos veces para ponerse de parte del adulto, pero yo me pregunto qué será lo que supuestamente hace mal el niño y por qué su silencio.
¿Es culpa?, ¿aceptación? ¿o simple desinterés?
Sé que no debo hacerlo pero por curiosidad doy un “vistazo” a su corazón y lo que hay ahí me deja sin aliento: un corazón completamente lleno de oscuridad, pero… es una oscuridad que viene de otra parte, no de él mismo.
Mi conexión se pierde bruscamente cuando ambos individuos se ponen de pie y salen del vagón, coronando ese instante con la sonrisa siniestra del muchacho hacia mí, como si se hubiera dado cuenta de lo que había hecho.
 —“Ese hombre no dudará mucho” —pensé adivinando lo que sucedería con ellos. Pero, nuevamente, eso no tenía nada que ver conmigo.
Cada quien cava su propia tumba.
Al bajar en la siguiente estación no me demora demasiado llegar al sitio acordado en la llamada, donde la calma pronto inunda el escenario con un suave viento murmurando entre los árboles, levantando apenas en caricias el polvo de los escombros que aún estaban en el terreno. Miré a mi alrededor como un felino al acecho pero no parece haber nadie cerca.
—Debió ser una broma de mal gusto —murmuro tras chasquear la boca, sin la paciencia necesaria para esperar ni un minuto más. Me doy la vuelta con toda la intención de ir a tomar el tren de regreso, pero al dar apenas tres pasos, siento un escalofrío en la espalda que me detiene en seco.
—¿Ya te vas?
Esa voz de nuevo. Mirando hacia atrás para ver de quién se trataba me encuentro con la mirada impetuosa de un hombre muy alto que sobrepasa el metro ochenta, con gabardina blanca, adornado por las luces de la zona tan delicadamente que lucía sobrenatural.
—Tú eres el de la llamada me imagino.
Había algo raro en ese sujeto (sin tomar en cuenta su mirada casi etérea). Como era habitual en esas situaciones de reconocimiento, intenté leer su alma tal cual había hecho con el muchacho del vagón pero me fue imposible… como si este hombre estuviera bloqueando mis habilidades.
—Sí —respondió con una sonrisa, a sabiendas de algo más que yo ignoraba.

Aparté la mirada de golpe reprochándome a mí mismo por haber fallado en una tarea tan sencilla pero la mirada constante sobre mí no me dejó esquivarlo por mucho tiempo.
—Tenía muchas ganas de conocerte.
—¿Conocerme? —lo observé con incredulidad creciente— ¿nos hemos visto antes?
Él se acercó despacio y sentí el impulso de echarme a correr, no obstante pude controlarlo lo suficiente como para quedarme inmóvil, incluso cuando me tomó de la barbilla para alzar mi rostro.
—No lo sé…
Su mirada se tornó cada vez más extraña; enigmática, profunda, dura, pero no lastimaba. Era una mezcla de fuerte temple y espíritu indomable junto con una profunda tristeza y anhelos indescifrables.
—Jum… no sé qué estés pensando pero sólo vine por mi teléfono, así que dámelo.
—Aún no.
—¿Cómo que aún no?
Un abrazo suyo me tomó desprevenido y mi demanda se volvió silencio. ¿Qué demonios quería este? Traté de separarme lo más que pude pero tenía una fuerza descomunal.
Diciendo que no sabía si me había visto antes y ahora esto… ¿estaba loco?
—Oye, suéltame… ¡no estoy para juegos! Además yo ya tengo a alguien.
"Alguien"… después de todo lo sucedido es lo primero que se me viene a la cabeza. Aún ahora me pregunto por qué me volví tan inseparable de una persona que no deja de retar constantemente mi superioridad.
—Eso ya lo sé…
Su voz suena casi resignada, eso me obliga a dejar de forcejear y comenzar a ver las cosas con un poco más de calma, o al menos con la cabeza más fría.
—¿Entonces qué quieres?
—Sólo… no quiero que me odies.
—Pero por qué voy a odiarte —le pregunto sin acabar de entender su inusual comportamiento. Su tono, su voz, todo no lo entendía y sin embargo era como si en el fondo comprendiera lo que estaba pasando aunque no fuera consciente.
—Esperé mucho tiempo para conocerte, Yami…
Su aroma es uno tan embriagante que nubla mis sentidos haciéndome perder la noción de la realidad y haciéndome olvidar lo extraño de que sepa mi nombre. Tanto que ni siquiera me inmuto cuando este me robó un beso que me arrancó un suspiro.
—Ah… basta… déjame ya…
No podía, no quería traicionar a Ludwig, pero este hombre estaba tentándome demasiado y yo no hacía nada para evitarlo. Su mirada se sentía tan invasiva, cargada con el dolor ajeno, el temor del rechazo, el anhelo ferviente de la aceptación. Tan parecida a la mía.
—Sólo quiero estar contigo… ¿qué puedo hacer?
Desesperación… una que llegó en forma de besos agresivos contra mis labios, mi cuello… y poco a poco se tornó en mordiscos que lejos de doler, me provocaban un placer indescriptible. Parecía querer devorarme entre esa pasión y de algún modo lo hizo cuando provocó en mí ese sopor delicioso.

Aunque tal vez nunca repetirá porque
Estaba esperando reencontrarme la manera de enmendarlo
En la nada de la noche te encontré
Mi corazón desesperado sólo pertenecería a ti.
El reloj ha cambiado de estación y ya…
No queda más que aquel recuerdo de un calor que me provoca
La iniciativa rezagada de amor
No habrá momento que no anhele uno sólo de tus besos.
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17 Timer - 【Delusions】
Estoy en un edificio abandonado y parece haber llovido mucho porque todo está mojado; las paredes, las cosas, el suelo… el ambiente es húmedo y el edificio está en ruinas. Me encuentro de pie, caminando por todo ese lugar, recorriendo las ruinas como si me hallara perdido, pero no es eso.
No…
Escucho muchas voces a la vez, todas reprochándome los muchos crímenes que cometí en palabras como “monstruo”, “maldito“, “traidor” “¡desaparece!”, “patético”, “herramienta”. Pero de todas ellas, la que más resuena es “mentiroso”.
“¡No soy un mentiroso!”, intento gritar con todas mis fuerzas mientras me detengo, pero no puedo. De repente, me encuentro fuera de ese edificio, observando a un hombre vestido de abrigo blanco, de mucha más altura que Herzog y con rasgos finos y a la vez fuertes.
“¿Hasta cuando…?”, comienza a decir pero no alcanzo a escuchar lo último de la frase, demasiado concentrado en tratar de ver sus ojos, ocultos debajo de su cabello.
“Hasta cuando”, repito silenciosamente, y antes d que pueda alcanzar a ese hombre, veo la imagen de Herzog encima de mí, con aquel gesto lleno de ira, tomando mi cuerpo violentamente, una y otra vez.
“¡Te voy a enseñar a respetarme!”
No… esto no debería ser así. No… ya basta. 
—Yami…
—¡YA!
Mi grito sobresalta a Herzog —a quien ahora llamo “cariñosamente” Lui— y así me doy cuenta de que sólo tenía una pesadilla; una tonta y cruel pesadilla.
—Yami… ¿estás llorando?
—Ah… no.
Me tenía que pasar justo esa clase de sueño; estoy aterrado, temblando… ¿por un estúpido sueño?
—Ven aquí —me dice a punto de abrazarme, pero me aparto instintivamente; el recuerdo de la pesadilla está muy fresco todavía.
—No me toques —dije desdeñosamente y esas simples palabras parecieron calarle muy dentro porque puso un semblante taciturno. Sin decir nada más que un “está bien” y se paró de la cama para ir a la ducha.
Mientras él se bañaba, aproveché el momento para vestirme y salir a la calle sin decir nada. A esas alturas ya no tenía “arresto domiciliario”, y habría sido ridículo seguir en esa situación o “pedirle permiso”. Al menos así pensaba yo.
Cuando llegué a la estación y me dispuse a esperar el tren, comencé a divagar entre ideas descabelladas y recuerdos extraviados que sólo venían a perturbar mi poca quietud. 
Uno de ellos resonaba con mucha más fuerza que los otros: el miedo a la traición.
Si él me engañara, ¿Qué haría exactamente? Porque sé que en el pasado sólo me habría vengado, pagando con la misma moneda, pero ese era el yo de antes. Ya no podía hacer esas cosas porque… me había enamorado. 
Recordé su imagen al estar juntos en la cama. Su pecho subía y bajaba suavemente mientras lo veo con la tenue luz de la lámpara que me niego a apagar, por un miedo irónico a la oscuridad.
Ya que subí al tren, me pregunté qué otro lo habría visto así, esa piel tan blanca, esas sutiles marcas que se esconden a los ojos de las personas formales.
Me dio rabia, celos; mis dientes se apretaban conforme el corazón me punzaba por esas alucinaciones autoinducidas. Yo nunca sabía adónde iba ni con quién estaba; sin embargo, no podía afirmar que estuviese viendo a alguien más.
Mientras veía por la ventana, más allá del vagón, recordé que una noche me confesó que antes de conocerme sufría de constantes terrores nocturnos, pero que “gracias a mí” podía dormir tranquilo por primera vez en mucho tiempo. 
Eso debía significar algo, ¿no?
“No quiero que nadie te robe”
Qué raro… siento que alguien me observa. Busco con la mirada al responsable de esa sensación pero hay demasiadas personas y cuando me llega un mensaje de Ludwig al celular, lo adjudico todo a mi paranoia.
“No te vayas así, ¿dónde estás?”
Intenté contestarle pero la señal se perdió y desistí por el momento; de todas formas no importaba, estaba resentido y no iba a quitarse pronto ese sentimiento.
De todas formas… ¡no iba a importarle!
Me levanté presuroso de mi asiento casi perdiendo la parada en la estación y al salir del vagón caminé un rato hasta encontrarme frente al Instituto en el que solía dar clase. Sólo que en lugar de estar aquel edificio estaba un terreno lleno de escombros y basura. 
Unas semanas atrás había visto en las noticias locales que la escuela fue víctima de un gran incendio y habían muerto algunos estudiantes al haber transcurrido todo a mitad de la mañana. Pero eso no era todo; aparentemente se tenía la creencia de que yo formaba parte de los cadáveres. Eso explicaba quizás por qué nadie había hecho el intento por buscarme cuando estaba recluido; me habían dado por muerto.
 —Eso es lo que hubieras querido, ¿no Lelouch?
Tenía ese presentimiento, mi mente inmediatamente lo relacionó con todo el incidente, todo porque él no gozaba de mucha salud mental. Su relación con el profesor Hatsuharu (a quien en un tiempo consideré casi un hermano y al cual me “despaché” con el descaro de la confesión), lo había trastornado mucho, convirtiéndolo en una persona completamente diferente.
Pero aún así, ¿cómo podrían haber confundido el cuerpo de alguien más conmigo?
Empecé a sentirme inquieto, pero no precisamente por esa pregunta, sino porque de nuevo esa impresión de que alguien me observaba. Decidí no voltear esta vez haciéndome el desentendido y busqué mi celular con la intención de llamar a Ludwig y hacerle ver a cualquiera que pudiera estarme vigilando, que no estaba precisamente solo. Pero entonces descubrí que mi celular había desaparecido.
—Maldición, debí dejarlo en el tren, qué idiota…
No tenía ningún caso regresar a buscarlo pues seguramente alguien ya lo habría tomado. Como ya no tenía nada que hacer ahí preferí volver a casa para no volver a pensar en todo ese tema tan absurdo que sólo lograba contrariarme.
Suspiré.
Primero la escuela, ahora ese teléfono; era como si algo se estuviese encargando de apartarme lo más que podía de mi pasado.
Cuando por fin llegué el departamento todo estaba solo y en silencio. Ludwig aún no regresaba así que me fui directo a la habitación, prácticamente echándome sobre la cama. Una sensación de hastío y frustración se apoderaba de mí; no quería saber nada más, sólo iba a dormir y mañana pensaría que hacer con aquella pérdida, aunque no estaba en mis planes el ir a cancelar el servicio. 
En eso el teléfono de la casa sonó e imaginé que era Ludwig, así que contesté.
—Yami…
—¿Eh?, ¿Lui?
—¿Quieres tu teléfono de vuelta?
—¿Cómo?…
Di un vistazo al identificador de llamadas, ese número era de mi celular.
—¿Cómo sabes mi nombre? —dije en tono a la defensiva.
—Está registrado en el teléfono.
—Cierto.
Guardé silencio un momento. La voz que me hablaba era muy suave, casi embriagante y al oírla, era como si palpara directo en mi alma.

—¿Qué pides a cambio? —pregunté a sabiendas de que naturalmente no me devolvería el teléfono sin ganar algo.

Una suave risa se escuchó  y apreté más la bocina con timidez, como si me acabaran de decir alguna obscenidad.

—Nada —fue su respuesta— ven esta noche a la escuela en ruinas que visitaste esta tarde… y te lo daré.
—¿Cómo sabes eso?

La llamada terminó abruptamente. No sabía si hacer caso omiso o no a la invitación; bien podría tratarse de algún truco y sería imprudente ir a encontrarme con un desconocido a mitad de la noche. No era que tuviera miedo, no… pero con todo lo que me había llegado a pasar por esa misma imprudencia, quería tomar mis precauciones y no ser tan impulsivo.

Ruinas…

Deseando que Ludwig no regresara antes, decidí esperar a que llegara la noche para acudir a la cita.
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16 Loner - 【Delusions】
Cuando quería, podía llegar a ser muy cruel y no importaba la clase de método que empleara si lograba mi cometido. Pero creo que esa vez fui demasiado lejos.
 
Como de costumbre esperaba a la noche para que Herzog llegara. Yo era prácticamente como su “ama de llaves”, mas no por gusto sino por necesidad, y es que él no era exactamente el mejor cocinero y solía ser desordenado en ciertas cuestiones. No es que me molestara porque desde antes estaba acostumbrado a hacer tales cosas como parte de mi rutina diaria, pero no podía evitar a veces el sentirme usado (más que de costumbre) y esa ocasión su inesperado retraso no mejoró las cosas. Estaba bastante frustrado y no hallaba como sacarlo; ni siquiera me habría servido escribir una más de esas cartas que jamás llegarían a su destino.
 
Por eso… esa noche hice algo muy diferente.
 
Acomodé todas las cartas por orden cronológico; después subí a la azotea del edificio de departamentos y una vez en la orilla, fui rompiendo una por una dejando que el viento se llevara esos trozos insulsos de papel. Así caí en cuenta de que todo era una pérdida de tiempo.
“Tú sabes lo que debes hacer…
Dime, ¿por qué has demorado tanto?
¿Es que acaso no deseas la felicidad?
¿Hasta cuándo más vas a sufrir?
¿Hasta cuándo debes pagar por tus pecados?
Deja de rumiar en tu pasado y mira hacia el presente.
Es una noche oscura,
Pero si miras al horizonte
Verás el hermoso destello de la blanca luna
Y este se reflejará en tus pupilas”
 
Bajé de la azotea y volví rápido al departamento. No mucho después llegó finalmente y me pidió (en su autoritario modo de ser) que le sirviera la cena.
 
—No la hice —dije secamente. Vi su gesto de disconformidad. Esa noche no iba a ser nada complaciente con él.
—Umm… entonces al menos hazme un café en lo que pido algo.
—Háztelo tú.
 
Me fui a encerrar a la habitación. Esa fingida ira mía sólo era un camuflaje para mi creciente tristeza y desconcierto.
 
“¿De verdad te importo?
Dime, ¿por qué estoy aquí
¿Soy necesario para ti?”
 
Pronto escuché un fuerte ruido en la cocina y desganado me levanté para ir. En cuanto crucé el umbral de la puerta, vi que Herzog había roto una veintena de platos en su intento por prepararse un café (lo cual no tenía mucho sentido para mí, pero así era).
 
—¡Eres un…! ¿Cómo carajo rompes tantos platos por un jodido café?
—No es mi culpa, se cayeron solos.
 
Parecía que sólo quería molestarme con esa actitud tan provocante. Se salió de la cocina como si nada hubiera pasado y yo me quedé a recoger los trozos de vajilla del piso, pero estaba tan irritado que al tomar uno con fuerza me hice una cortada en el dedo índice.
 
Me sentí idiota; ahí en el suelo recogiendo el desastre de alguien más, pero contuve mi rabia y sólo seguí levantando todo hasta terminar, dando una lamida a la cortada recién hecha para que dejara de sangrar un momento. Justo en ese instante Herzog entró de nueva cuenta y al verme, hizo que me levantara del suelo, tomándome del brazo.
 
—Mira nada más, ya te cortaste.
—¿Y qué? —dije bruscamente sin mirarlo a los ojos. Eso era algo que hacía a menudo; cuando me enojaba con alguien, evitaba el contacto visual.
—¿Te curo? —dijo con una sonrisa sugestiva y lamió la sangre que de nuevo brotaba de mi dedo, lo cual me hizo estremecer.
—Estoy bien —le espeté quitándole la mano y me dispuse a tirar todo a la basura.
 
¿Yo… de verdad te importo?
 
Lo miré; él tenía la vista muy fija en mí pero no pude interpretar ese gesto. Me acerqué a él y murmurando a su oído, le propuse un pequeño juego de “adivinanzas”.
 
—Si descubres tres puntos débiles en mí, haré lo que tú quieras.
—Pero si ya haces lo que yo quiera —se sonrió— ¿Qué clase de aburrido juego es ese?

Sin embargo no pareció rehusarse porque me tomó de la cintura y comenzó a besar mi cuello.
 
¿Por qué hacía eso?
 
Yo sólo… quería sentirlo cerca.
 
—Llevas uno… —dije suspirando embriagado por la sensación de sus besos. Pronto fue subiendo hasta morder una de mis orejas lo que me hizo dar un sobresalto.
—¿A quién le importa el juego? —me dijo— Realmente lo estoy disfrutando.
 
Tomó una de mis manos (la izquierda) y empezó a besarla, luego a lamer y morder mis dedos, y aunque se sentía agradable, no era algo que me enloqueciera, así que le retiré la mano, sonriendo ladinamente.
 
—Error; aún te sigue faltando uno.
 
Creo que el juego no era completamente de su agrado porque me miró arqueando la ceja y enseguida me soltó.
 
—Qué poco apasionado eres.
 
Me sentí rechazado, así que lo dejé en la cocina y me fui a la sala de estar, sumamente frustrado. Entonces, incapaz de controlar ese arranque de ira, empecé a tirar cosas, adornos, sillas, todo lo que veía.
 
Odiaba eso, ¡lo odiaba tanto! ¿Cómo se atrevía a rechazarme así?
 
Mi berrinche concluyó abruptamente cuando golpeé un espejo y mi mano empezó a sangrar profusamente. Como Herzog lograba escuchar todo el desastre desde la cocina, salió a buscarme y me llevó a jalones al baño.
 
—¡Mírate, estás sangrando otra vez! ¿en qué estabas pensando?
—¡Déjame!
—¿Qué voy a hacer contigo Yami?
 
Eso quiero saber yo…
 
Pronto tomó su botiquín y me hizo una curación improvisada. No entendía por qué se molestaba tanto porque “este juguete” se le rompiera, pero siempre era igual.
 
—Te traeré agua para el analgésico.
 
No dije nada y en cuanto salió, cerré la puerta del baño con seguro y me quedé sentado en el piso viendo el pastillero sobre el lavabo, sin pensar en nada en especial. Entonces, como una chispa me vino a la cabeza…
 
¿Cómo saber cuánto le importas a alguien de verdad?
Simple; si le infundes a esa persona el miedo de perderte.
 
Con eso en mente me levanté, agarré todas las cajas de pastillas sin fijarme mucho en su tipo y tiré todo el contenido por el retrete dejando que todo se fuera por el desagüe y esparciendo las cajas vacías por el piso. Tenía que hacerlo ver realista así que me senté a esperar a que “la magia” ocurriera, fingiendo estar inconsciente.
 
No pasaron más de cinco minutos para que Herzog comenzara a tocar la puerta con insistencia al ver que no respondía. Pronto los golpes contra la puerta fueron más desesperantes y comenzó a llamarme a gritos, demandando que abriera. Yo sólo continuaba mi acto, pues sabía que tarde o temprano él se las ingeniaría para entrar; después de todo era su casa y debía tener alguna llave por ahí. Minutos después la puerta se abrió de golpe y el entró hecho una furia.
 
—¡Yami! ¡¿por qué te encerraste?!
 
Yo sabía que no tardaría mucho tiempo para atar cabos. Cerrando los ojos, permanecí lo más quieto posible relajando mi cuerpo y regulando mi respiración para hacerla apenas perceptible. No podía saber con certeza la reacción de Herzog sin embargo, sólo adivinando lo que sucedía.
 
Inmediatamente sentí cómo me cargaba y apresuraba el paso para llevarme a su auto; su respiración era agitada y sólo repetía en murmullos inconscientes “aguanta”, con una angustia que no me esperaba de él.
 
“¿Estás asustado, cierto?”
 
Abrí los ojos de un sobresalto mientras el auto se movía con fuerza por el manejo precipitado de Herzog, quien pronto se dio cuenta de que estaba consciente y trató de tranquilizarme diciendo que pronto llegaríamos (supuse que al hospital).
 
“Entonces de verdad se preocupa… pero es tan ruin y patético de mi parte, no puedo seguir”, pensé.
 
A propósito solté una carcajada que lo hizo mirarme absorto y me acomodé desgarbadamente en el asiento.
 
—Eres un ingenuo.
 
Casi me fui de bruces contra el tablero cuando Herzog frenó repentinamente. Me acomodé nuevamente en el asiento y le miré, ya no con burla, pero sí sobrecogido por su energía, la cual se había vuelto tan pesada que comenzaba a envolver todo el interior del auto.
 
—Bájate —dijo gélidamente y el terrorífico tono de su voz me hizo obedecer automáticamente. Después bajó también del carro, recargándose en el capó y con una mano en la cara, como reuniendo todas sus fuerzas para no golpearme o dejarme tirado ahí en la calle.
 
Pero yo no pude soportar la tensión.
 
—Ya basta… —intenté gritarle, pero de mi boca sólo salió un susurro tembloroso.
—Eso debería decir yo —sonaba tan decepcionado— ¿Qué vamos a hacer si esto sigue así? Dímelo.
—No lo sé —respondí— pero yo me voy.
Nuestro juego ha terminado.
 
Di pasos lentos hacia atrás mirándolo con decisión fingida, mas él evitaba mis ojos, clavando la mirada en el piso de modo que su fleco cubría parte de su rostro y no pude ver bien su expresión.
 
“Esto es ridículo”, recuerdo que pensé esa noche sintiendo mis piernas temblar cuando lo abandoné para ir en busca de otro.
 
Lo quiero… pero tengo miedo de que me odie por lo que soy…
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15 Winter - 【Delusions】
Debí suponerlo.
Eran casi las cinco de la mañana cuando llegué pero él ya no estaba ahí; se había marchado, probablemente desde hace horas. Ninguna de sus pertenencias más importantes estaba ahí y seguramente se fue con tanta prisa que había olvidado cerrar la puerta con llave. Todo estaba tan silencioso sin él… no lo culpaba; después de todo yo lo abandoné antes.
Debía imaginarlo, sin embargo yo corrí detrás de una falsa esperanza enterrada en el pasado. No entendía por qué me sentía así; venía escapando porque estaba cansado de ser el prisionero de Herzog y ahora regresaba a su departamento, como si nada malo pasara. ¿Qué ya me había acostumbrado tanto a estar cautivo que ahora lamentaba mi libertad?
Conforme revisaba el sitio con la esperanza de encontrar al menos una nota, di con mi celular en el buró al lado de la cama, con varias llamadas perdidas y mensajes sin leer. La mayoría de las llamadas eran de Kanda y los mensajes eran de otras personas buscando desquitar su aburrimiento conmigo, sin embargo no contesté ninguno de los mensajes y borré todo junto con esos números.
Una vez resuelto ese pendiente, me acosté quitándome previamente el calzado sin durar mucho tiempo en la cama al sentir algo duro en la cabeza que me obligó a incorporarme enseguida. Al bajar la mirada, vi que casi me acostaba encima de lo que parecía ser un estuche de disco, con la inscripción “KING & QUEEN”, en una portada improvisada.
Debí haber estado muy distraído para no verlo antes y por mera curiosidad lo tomé entre mis manos abriendo el estuche. No tenía nada más escrito, era sólo un disco grabado y ni siquiera venía si era una canción, un álbum o sólo un disco de datos.
—Debió olvidarlo —murmuré. No estaba de más probar suerte así que me levanté yendo a la sala donde se encontraba el reproductor de música y coloqué el disco. Entonces comenzó a sonar una canción con una voz masculina, en un estilo que no reconocía. Me sorprendió escuchar una letra japonesa, pues ignoraba que Herzog tuviera esa clase de gustos, y poco a poco comencé a captar algunas frases de la canción. Hacía mucho tiempo que no usaba mi idioma “original”, me costaba trabajo comprender la letra, tanto que tuve que volver a poner la canción más de una vez.
“Aquí, el trono busca a su amo.
Oculta las palabras reales, tratando de interpretar esa falsa actitud
¿Qué hay de la zona de confort entre el rebaño de ovejas?
Entonces, ahora tienes la misma cara, escapa de la procesión fúnebre
En lugar de buscar la mano del juego, muéstranos como vuelas hacia el cielo que deseas.”
Sin duda era una letra extraña. ¿La mano de juego?… Comenzaba a preguntarme si de verdad se olvidó de este disco o lo había dejado a propósito. Ah, pero ¿qué clase de persona deja atrás una canción en lugar de sólo una carta? No tenía mucho sentido para mí.
“La luz que brilla en el camino, comprendí la premonición
Como cuando el destino es predicho, cruza por encima de las espinas.
Un verso libre, es libre; una jaula fija no es libre
Incluso en este instante, la elección se ve obligada.”
Me senté en el sillón y cerré los ojos conforme seguía sacando la letra de tan peculiar canción.
“Quien sea el aliado, utiliza esos ojos para confirmarlo
Muestra la realidad que es más extraña que una novela, en plena luz del día.
La luz que es capaz de iluminar la oscuridad; mantén la fe en tu tormento
Hacia la noche roja que parece estar a punto de romperse, besémonos”
No pude evitar suspirar casi con nostalgia por esa última parte. ¿Acaso extrañaba ya a Herzog o sólo me sentía conmovido por la canción? De cualquier forma continué escuchando con atención, conforme la melodía alcanzaba el final poco a poco.
“El deseo, no es de esperar
Si cierras tus ojos, probablemente puedas verlo, ¿podrás?”
De repente abrí los ojos con sorpresa, era casi como si esa canción me estuviera… ¿hablando?
No… era ridículo, sólo era una canción. Herzog la había dejado por error, la había olvidado y ahora yo me encontraba buscándole significados imaginarios que no tenían nada que ver con la realidad. Eso era.
“Ah, el mundo sin color, escribiendo cosas de más para mí mismo
La última de las aventuras, al final, quiero reír contigo.
Viviendo en el incesante mundo, ahora, comprendo la premonición
Nosotros tal como somos ahora, debajo de los deseos del mundo que deseamos.
Acaba con el dolor.
Busca la luz.
Di mi nombre.
Cierra los ojos”
Hubo un largo silencio cuando la canción terminó esta vez sin volver a repetirse. Rememoré todas y cada una de las frases como si mi mente fuera una grabadora, tratando de comprender por qué motivo estaba ese disco en la cama. No creía ya que pudiera ser casualidad, debía haberlo hecho a propósito, pero él no era así…
Tenía que encontrarlo. Aún no sé qué es lo que yo no puedo darle.
De un modo extraño y obsesivo, me refugié mucho tiempo en esos brazos ajenos, intentando echar a tierra todo mi pasado y enterrarlo. Nunca le había dicho el dolor que sentía, pero seguro se daba cuenta por mi mirada tan cabizbaja y mi carácter tan a la defensiva. Por eso en los peores momentos en que ya no podía más conmigo mismo, me abrazaba o me besaba arrebatadamente, repitiendo en fina voz “no estés enfadado”, como si al invadir mi cuerpo, buscara alcanzar mi alma.
¿Pero por qué? ¿Por qué ese hombre se molestó tanto tiempo en alcanzarme? Si él decía que no me quería, que sólo lo hacía porque le pertenecía, una posesión más. ¿Entonces por qué?
No es que todos los momentos con él fueran malos, sólo no lograba entenderlo, pero tenía la corazonada de que él se sentía… tan solo como yo.
Me levanté del sillón cual sonámbulo sin molestarme en volver por mis zapatos y salí a la calle caminando sin rumbo, sólo pensando en encontrarlo. Hacía frío por la cercanía del amanecer y este me calaba profundo adormeciendo mis sentidos. Me parecía estar en un sueño a pesar de que sentía el pavimento en mis pies descalzos.
—Si al menos me hubiera puesto la gabardina. Qué idiota…
Siempre estoy actuando tan impulsivamente, empujado por mis instintos. Nunca nadie supo por qué hacía las cosas, ni siquiera yo mismo, pero tampoco nadie se molestó en averiguar qué era lo que en verdad sentía; sólo asumiendo todo sobre mí. Sin embargo no lamentaba nada porque todo era parte de mi libre albedrío y debía asumir la consecuencia de mis actos.
Estaba bastante oscuro así que apenas veía por donde caminaba. Metí las manos en los bolsillos del pantalón cuidando de no dar traspiés entre esa penumbra, pero de repente, una intensa luz me deslumbró y tuve que detenerme en seco para cubrir mis ojos con el brazo y ver lo que sucedía; un Mercedes Benz venía acercándose despacio y se estacionaba cerca de la acera, justo a un lado de mí. Entonces la ventanilla del lado del copiloto se abrió.
—Métete, hace frío.
Herzog me miraba fijamente desde el interior del auto, con los ojos algo rojos, aunque ignoraba la razón de su estado. Sin decirle nada, me subí al auto y dirigí inmediatamente la mirada hacia la ventana cuando este empezó a moverse, subiendo un pie sobre el asiento desgarbadamente. Podía sentir su mirada pero no me molesté en corroborar esta sensación hasta que dijo algo en su idioma nativo, algo que no comprendí en ese momento pero que lo decía con un tono de arrepentimiento.
—Entschuldigung….
Dimos varias vueltas yendo a ninguna parte mientras un silencio sepulcral se apoderaba del pequeño ambiente que ahí teníamos. Me desesperaba; quería que dijera algo, que me gritara, que maldijera, ¡lo que fuera! Ese silencio e incertidumbre me estaban matando y sin darme cuenta comencé a clavar ansiosamente las uñas en el asiento. No sé si él notó esa reacción de mi parte, pero susurró tajantemente un “volvamos” antes de empezar a manejar de regreso a su departamento.
Suspiré aliviado al escuchar esa simple palabra y bajé el pie del asiento acomodándome bien. Entonces hizo algo inesperado; me atrajo hacia él para que pudiera recargarme en su cuerpo y aunque en un principio mostré recelo por esto, pronto tomé la confianza suficiente y me quedé mirando el camino abstraídamente, sin pensar en nada en particular.
Cuando llegamos al departamento, ninguno de los dos se bajó. Finalmente Herzog dijo algo más allá de una sola palabra tras dar un largo suspiro, como si se estuviera conteniendo de hacer algo diferente.
—Dime… ¿qué voy a hacer contigo si las cosas siguen así?
—Es tu culpa —espeté sintiendo un escalofrío, pero no precisamente por el frío de la madrugada.
—¿Por qué?
¿Por qué? ¿Aún tenía el descaro de preguntarlo? ¿Entonces de qué se trataba todo eso? Todo ese tiempo encerrado con él, sus maltratos y ultrajes, todo lo que se había atrevido a hacerme como si yo fuera cualquier cosa, como si yo…
Pero… ahora que recordaba, siempre que me trataba mal era por mis provocaciones y en ningún momento, por más duras que se pusieran las cosas, optaba por irme.
Abrí más los ojos sintiendo una especie de dejavú que me confundió y acabé renegando de mi afirmación.
—No lo sé… Olvida que dije eso.
“Yo sólo quiero ser reconocido por ti”.
Desde el principio cuando te vi en esa cafetería y supe que habías sido tú quien me había salvado de suicidarme, entendí que aquello no era producto de la casualidad. Yo debía conocerte en ese justo instante, por eso me empeñé en seguirte, por eso quería demostrarte que yo era diferente y buscaba satisfacer lo que precisamente estabas buscando. Pero era frustrante no entenderte ni saber lo que estabas pensando, estando al tanto que te sentías tan solo como yo y no poder hacer nada para cambiarlo. Porque también quería que fueras diferente, tú que has sido mi refugio por tanto tiempo…
—¿Cómo no vas a saberlo si me estás culpando de algo? Siempre estás haciendo estas cosas sin fundamento: Escaparte así, rompiendo cosas en mi casa, lastimándote y engañándome, pidiéndome que te castigue… No estoy dispuesto a aguantarlo, así que vamos a resolver esto aquí o ninguno va a salir de este auto.
Reafirmando su declaración, activó el seguro de todas las puertas para prevenir que saliera.
—No tienes que aguantarlo… —dije mirando al frente, sin poder decir todo lo que estaba pensando; sentía que estaba a punto de decepcionarme.
—Yami… —me vio dubitativo, como repasando lo que estaba por decir, como si temiera arrepentirse de revelarlo. Eso capturó toda mi atención y le vi de soslayo— lo que yo deseo… es complementarme con alguien.
—¿Complementarte?…
Me giré en su dirección viéndolo con desconcierto, como si no pudiera creer que me dijera lo que tanto había anhelado saber y lo simple que era eso. Fue extraño porque en ese momento sentí ganas de llorar, pero mi rostro permaneció impávido.
—Herzog… ¿tú crees que estoy loco?
—Mucho.
Pero…—se sonrió con ironía— yo también lo estoy.
Quisiera poder comprenderte Herzog, porque siento que hay algo que no me estás diciendo y que debería conocer.
—¿Tú sabes lo que los humanos hacen todo el tiempo? —pregunté con la sonrisa típica de aquel que está por revelar un gran secreto, pensando en mi pasado— Prometen cosas, hacen juramentos, tratos… para ganarse la confianza de alguien, para obtener algo y una vez que lo tienen, desechan todo olvidándose de sus palabras.
—Yo no estoy ganando nada tratándote así o teniéndote conmigo a la fuerza. El único que gana aquí eres tú. ¡Yo no estoy ganando nada!
Lo vi golpear el auto con desesperación; de las pocas veces que lo veía así, siempre era por algo que yo había hecho.
—Yo no gano nada… el que me está utilizando y me odia eres tú.
Me sorprendió que dijera eso, porque justamente era yo quien pensaba de ese mismo modo.
—No te odio, yo sólo quería…
—Mentiroso —dijo interrumpiéndome, pero volví a retomar mi discurso.
—¡Yo sólo quería probarte que podía cumplir tu deseo, fuera lo que fuera!
Me miró gélidamente pero permaneció en silencio por un buen rato, pareciendo incrédulo por lo que había confesado. Luego sonrió burlonamente viendo hacia un lado, presumiblemente rememorando hechos pasados.
—¿Por eso siempre pones esa cara tan lastimera cuando discutimos o estoy por irme?
—¿Qué? —no entendía por qué sacaba algo así a colación y a lo mejor sólo buscaba ridiculizarme—Yo nunca he hecho eso, y aunque lo hiciera, eso no significa nada.
—No significa nada. ¿Seguro?
¿Por qué estabas así en la calle a estas horas?
Pensé primero en el momento en que decidí escaparme. Esa misma noche discutía con él fuertemente, por una broma pesada que le había jugado fingiéndome intoxicado, en un intento maquiavélico de saber si yo le importaba. Después de destrozar varios adornos de su casa me marché sin más, argumentando que estaba harto. Luego recapitulé lo que había ido a hacer en aquella casa a la que no pensaba volver jamás y en el disco que había encontrado sobre la cama de Herzog.
No quería que él supiera que había ido a buscar a otro, así que tuve que mentirle.
—Quería caminar un rato…
—¿Descalzo? No te creo. ¿De qué me culpas?
—Quería… porque me rechazas.
Yo sólo quería sentir lo que es depender de verdad de alguien.
—¿Cómo quieres que te acepte?, yo ya te había aceptado. ¿Cuándo te rechace?
Mejor dicho, ¿cuándo has intentado venir a mí? ¿Cómo voy a rechazar a alguien si no se acerca?
—Cuando me acerco lo haces —dije hundiéndome en el asiento, dando un suspiro.
—¿Cuándo fue eso? Tú mismo te alejas y dices que te doy igual.
Ya te habría dejado hace mucho tiempo si te rechazara.
La conversación parecía haber llegado a su fin porque escuché el “click” de los seguros que indicaban que podía irme ya, sin embargo no me moví. Apenas mirándolo, aproveché que él había cerrado los ojos para poder acercarme despacio y abrazarlo. Él correspondió este abrazo repentino con fuerza y me hundí más en su embriagante calor.
—Hace frío…
De nuevo temblaba, pero de nuevo no era por el clima.
—Sube a dormir… —murmuró pero no se le veían intenciones de soltarme.
—Quiero quedarme aquí…
Seguro no entendía nada de lo que pasaba, yo tampoco lo entendía del todo. Percibí como me echaba encima algo que había tomado del asiento trasero, probablemente un saco o un suéter y sentí gran desconcierto por mi fortuita sinceridad.
—Sólo quería ver si te importaba que no estuviera —mencioné haciendo referencia a la pesada broma que le había hecho, fingiéndome a punto de morir.
—Tuve mucho miedo… No quería que ocurriese, no… —sus palabras se amontonaban en su boca como si no supiera explicarse— No, tú no debes…
—¿No debo? —alcé la cabeza mirándole.
—Yo no quiero perderte.
Si verdad… si de verdad no quieres perderme, no vuelvas a dejarme ir así. Si de verdad no quieres perderme, déjame permanecer a tu lado, aunque yo no sea la mejor de las personas. Mis pecados son demasiados y yo ya no sé cómo remediar todo lo que te he hecho sufrir.
—Escuché la canción —dije vagamente, pero él sabía de qué estaba hablando y contestó con un “ya veo” tan tranquilamente, que comprobé mis sospechas de que lo había hecho a propósito.
No puedo creer lo que estoy a punto de decir, pero creo que es hora de que deje de estar engañándome.
—Ludwig…
—Dime —me miró con sorpresa; nunca lo llamaba por su nombre. Yo en cambio bajé la cabeza escondiéndome en su hombro, como si fuera un niño. Entonces me decidí a pronunciar aquellas palabras por primera vez en un hilo de voz porque había comenzado a llorar.
—Te… quiero…
No te decepcionaré si tú no me decepcionas tampoco. A partir de este momento voy a confiar en ti y espero que puedas entender que estar conmigo no será sencillo, pero que haré todo lo posible por hacerte feliz, porque de todas las personas que he conocido, has sido el primero que ha visto a través de mí… y no ha pensado en mí como algo malo.
—Yo también…
…gracias…
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14 Concluder -【Delusions】
Sé que no debería estar escapando, lo he hecho, ya no puedo hacer nada para retroceder, lo único que ahora me espera es él, con la posibilidad de que todo haya caído en el olvido, pero también con la esperanza de que me esté esperando.
Quisiera poder olvidarlo todo, no me importa cómo, mas aquello no puede ser olvidado.
El dolor de mi corazón no se desvanecerá.
Ya sólo queda aguardar a que su regreso me traiga la paz nuevamente, para poder olvidarme de esos tristes meses de encierro donde no dejaba de torturarme psicológicamente por mi pasado.
Ya es más de medianoche y Kanda sigue sin aparecerse. Estoy solo, sentado en la os

curidad frente a su departamento, con algunas heridas, rasguños autoprovocados entre el miedo y la ansiedad.
“¿Él de acordará de mí?”, pienso desesperanzado y enseguida me retracto con un chasquido débil, conteniendo las ganas de llorar debido a la incertidumbre que me embarga. Sé que ya no puedo volver con Herzog porque seguramente me mataría por atreverme a escapar de su casa, siendo que ya era “suyo”.
Una sombra me saca de mi remembranza y alzo la cabeza sólo para ver que era uno de los vecinos del edificio, el cual me observa entre el miedo y la compasión. Seguro se ha fijado que estoy descalzo o ha notado los arañazos en mis brazos, pero qué más da, ¡no me importa la gente o lo que piense de mí!, sólo me importa Kanda. Sólo él… sólo…
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Ah… ¿me he quedado dormido?, que tonto… si estoy esperándolo y justo vengo quedándome dormido frente a su… Pero qué raro, ya no estoy sentado en el piso, sino en un sillón en medio de la oscuridad de una sala bien conocida para mí.
—Pensé que estabas muerto —dijo una voz en un tono seco mientras volvía en mí, sentándome bien en la orilla de la cama. Una tenue música similar al hip-hop sonaba en el fondo dándole al ambiente una inusual atmósfera tan suave, que incluso las palabras podían cortarla.
Curioso; no recuerdo que a él le gustara esa clase de música.
—Pues casi —respondí franco, aunque con desgano pues ni quería acordarme de lo sucedido con aquel hombre. Me alboroté el cabello en un intento por desperezarme en el justo momento en que él me tomó del rostro, mirándome con esos ojos azul cenizo.
—Te extrañé —dijo en voz cándida y concluyó su oración con un breve beso que sentí ajeno, aunque podía deberse simplemente al desconcierto; enseguida me apretó contra él en un abrazo que sentí doloroso debido a mis heridas— No sé dónde te habrás metido pero no me importa. No vuelvas a irte nunca más… me he sentido muy solo sin ti.
Eso era demasiado sospechoso y no me esperaba precisamente esa clase de recibimiento. Era absurdo; conocía muy bien el carácter de Kanda y algo que me constaba es que podía ser todo menos cariñoso, y una súplica de su parte, ¡ni pensarlo!
Aquí había gato encerrado.
—¿Yami… te quedarías conmigo?
¿Eso era una propuesta seria?
—Eso depende —murmuré viéndolo con una sonrisa cariñosa que él interpretó como un signo positivo, pero era un engaño— ¿Me amas?
Esta pregunta que a cualquiera tomaría por sorpresa, él la recibió con bastante calma. Sostuvo mi rostro entre sus manos y dijo con suavidad:
—¿Cómo preguntas eso? Claro que te amo.
Hice ademán de querer tomar su rostro sin cambiar ese tranquilo semblante, pero en cuanto puse las manos sobre su piel, bajé repentinamente hacia su cuello, apretándolo con fuerza mientras mis ojos se encendían de ira.
—¡¿Y qué hay de Allen… y de Lavi?!
Ahora que recordaba, nunca me había enamorado de nadie en realidad, ni siquiera del hombre que estaba a punto de matar. Aún así calaba hasta los huesos el dolor que me causaba, no por desamor, sino por la traición. En ese momento pude ver claramente cómo era un implemento desechable para los otros; pensándome tan magno y admirable, no me había dado cuenta de que al creerme un jugador de este “juego”, sólo era un mero instrumento para todos mis amantes, y al igual que un juguete que se rompe, yo también era reemplazable.
—Yami… ¡cálmate!
Volví en mí cuando me empujó y caí sobre la cama, con la mirada perdida en el techo.
—Ni Allen ni Lavi significaron nada para mí. Todo este tiempo estuve buscándote. ¡Me tenías muy preocupado!, y justo cuando muero de la angustia, apareces… ¿y todavía me dices estas cosas?
—No entiendo Kanda —dije completamente desganado, sin saber qué pensar.
—No hagas preguntas tontas. ¿Estás olvidando que eres mío?
—¿Tuyo…?
Cuando menos lo vi, estaba acorralado, él dispuesto a tomarme ahí mismo y yo no daba señal alguna de resistirme, no obstante protesté antes de que pudiera intentar algo conmigo.
—¿Qué carajo haces…?
Mi gesto no pudo ser más fiero en ese instante. Lo miré como un animal salvaje que pese a estar atrapado en las manos del cazador, sigue con el espíritu intacto; fuerte, agresivo e indomable.
—Bueno, yo… me dio un impulso de posesividad.
—No… —dije pausadamente quitándomelo de encima— yo ya no te pertenezco Kanda.
Qué tontería. ¡Entonces de eso se trataba todo este teatro! Sólo era un niño haciendo berrinche por perder su juguete.
Sonreí, pero ya no fue una sonrisa fingida sino una completamente auténtica, cargada de alivio por una razón que no pude explicarme hasta más adelante, cuando logré salir del departamento, sin explicaciones ni abrazos o despedidas, sólo con un pensamiento que no me molestaría en exteriorizar.
Seguro él estaba enojado, pero qué más daba ya.
“Adiós Kanda, espero que seas muy feliz… con el fantasma de Lavi”.